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JAPÓN: PENSAMIENTO Y TRABAJO

Por Eddy Montilla

Eddy Montilla, escritor miembro de MUNDO Y OPINIÓN.

Una respuesta muy generalizada a cómo Japón mantuvo su desarrollo económico durante muchos años es que ese país posee un alto nivel tecnológico. Sin embargo, buscando más a fondo se puede ver una causa mayor: Su avance tecnológico es el resultado de su acción, y la acción es a su vez el resultado del pensamiento. Entonces, lógicamente hay que deducir que el origen y la clave del éxito japonés se encuentran en su forma de pensar.

     En tiempos de crisis (en los que precisamente estamos) es cuando tiene más valor el concepto de eficiencia. Optimizar todos los recursos hace la diferencia entre aquellas empresas que se desploman y aquellas que pueden sostenerse hasta que pase el vendaval. Y cuando de eficiencia se habla, el modelo de pensamiento japonés en el trabajo ha demostrado en teoría y en práctica ser de los mejores. Es como uno de esos vinos que pasa exitosamente el paso del tiempo y también las críticas de un catador quisquilloso.

     El trabajo en grupo es vital para el desarrollo económico japonés. Por ejemplo, si van a plantar un árbol, es típico ver un cuadro como éste: El jefe lo lleva en sus manos mientras otro empleado cava en el lugar señalado. La secretaria sostiene una regadera y otra persona prepara una cámara para tomar fotos de la actividad. En Latinoamérica, es muy probable que, en las mismas circunstancias, una sola persona haga el trabajo solo, y al final, entre en la oficina con el engreimiento de haber hecho todo sin ayuda o enfadado porque nadie le ayudó. En Japón, muchos empleados limpian el frente del lugar donde trabajan y también el de las casas cercanas. Se podría pensar que eso es una harta conocida estrategia de mercadotecnia, pero lo cierto es que en Japón significa mucho más que eso. Ellos limpian para sí y también para la comunidad de la que forman y se sienten parte. La comunidad, a su vez, retribuye su labor comprando sus productos o servicios. El cambio del YO por NOSOTROS es la base sobre la que se erige la filosofía de trabajo en Japón. El desarrollo de las capacidades individuales de los trabajadores es vital para una empresa, pero sólo si dichas capacidades se entretejen por un objetivo común: La compañía. De lo contrario, todo se vuelve una pura lucha de intereses, y todos sabemos lo que pasa cuando tiramos de un papel en diferentes direcciones.

     La relación empresa-empleado es otra de las ideas fundamentales en el país asiático. Desde sus inicios, el capitalismo, tal y como lo conocemos, ha sido siempre un verdugo, y en los últimos 20 años ni siquiera se ha preocupado por ponerse la capucha. Gastar lo menos posible, pagar lo menos posible y ganar todo lo posible han sido sus doctrinas. Por eso, en muchas empresas los jefes ven a sus empleados como holgazanes a quienes hay que estar vigilando constantemente. Los trabajadores, por su parte, piensan que su jefe es un explotador que no hace nada, paga poco y que además los hace trabajar como burros. El grupo élite de las compañías japonesas también se lleva la mayor tajada del pastel, pero gracias a su visión grupal, hay una mejor distribución de riquezas para sus empleados. Con el salario mínimo pagado en Latinoamérica o África, por ejemplo, una familia vive en la pobreza o por debajo de ella; en los Estados Unidos, tiene que hacer malabares para poder terminar el mes, pero en Japón, esta familia podría hasta darse el lujo de unas vacaciones en el extranjero.

     Kaori es estudiante de primer año en una universidad en Sendai, Japón y trabaja durante sus horas libres. Ella se siente mal porque a su tienda no vienen tantos clientes como antes. "¡Komatta na!(¡Qué problema!)", dijo varias veces. Eso quiere decir que los japoneses se identifican mucho con el lugar donde laboran. Ellos, al presentarse por teléfono o en una reunión de negocios, no dicen su nombre y apellido, sino su apellido y el nombre de la compañía para la cual trabajan. Es como si la empresa se convirtiera en una segunda (y hasta a veces primera) familia. "Yo soy Tanaka, que trabaja en la compañía de cámaras Yoshida, por ejemplo. Un fracaso de la compañía es también un fracaso suyo; una caída de la compañía es también su caída, y como nadie quiere tener dolor, se esfuerzan por no caerse y mantenerse en pie.

     El tercer punto básico en el modelo de pensamiento japonés es el aprovechamiento del tiempo de trabajo al máximo. Durante un viaje a los Estados Unidos y la República Dominicana, en una cafetería en Santo Domingo, los empleados pasaban el tiempo hablando de SPB (sexo, política y béisbol) cuando no había clientes a quienes atender. En la misma situación, pero en Nueva York, los trabajadores estaban con los brazos cruzados a la espera de que alguien cruzara la puerta y en Tokio... ellos no cesaban de moverse de un lado a otro buscando algo que hacer aunque eso fuera...¡Arreglar lo arreglado! En el pensamiento de trabajo japonés cada minuto es importante y no hay cabida para expresiones como "matar el tiempo", "tiempo de espera" o "hay mucho tiempo". En resumen, no hay tiempo para perder el tiempo.

     Más del 70% de Japón es montañoso. El resto es dedicado al cultivo de arroz y a sus compactas viviendas. Su modelo económico está basado en la exportación masiva de productos de alta calidad. Ellos arropan el mundo con sus coches, cámaras, televisores, etc., y ganan dinero al mismo ritmo que el agua salida a presión. Es cierto que el país del sol naciente está ahora en su peor momento económico desde la postguerra, pues con la actual crisis económica mundial, las compras que hacen las personas se reducen a lo esencial (¡nadie compra una cámara para sacar fotos en el parque cuando lo han despedido del trabajo!). Pero no se vive una crisis mundial como ésta todos los días y su modelo económico de exportación le permite ganar tanto dinero como para poder sobrellevar la crisis. El modelo económico de Japón basado en la exportación de coches y equipos electrónicos demuestra ser realmente efectivo, pero con riesgos de estar supeditado a una situación que no pueden controlar: La economía de otros países. En ese sentido, muchos países que están muy por debajo en términos económicos, como Perú o Argentina, por ejemplo, le llevan ventaja en poder crear un modelo más diverso gracias a sus grandes recursos naturales, pero no han podido porque su forma de pensamiento en el trabajo no es correcta y retrasa, por tanto, su economía.

     Lo bueno no sólo está hecho para disfrutarse, sino también para ser imitado y superado. Sería muy conveniente para los países en vías de desarrollo adoptar la forma de pensar de los japoneses en el trabajo y ajustarla a la cultura y condiciones de dichos países, porque es un camino probado y seguro que conduce al desarrollo económico.

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