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LA POLÍTICA DOMINICANA Y SU FUTURO INCIERTO

Por Eddy Montilla

Eddy Montilla, escritor miembro de MUNDO Y OPINIÓN.

Sin deseos de caer en la irreverencia, pienso que la historia no se repite ni como tragedia ni como comedia, como decía aquel famoso pensador alemán. Lo que se repiten son las acciones de los hombres, llenas de errores y aciertos. Lo que él llamaba tragedia son los errores humanos; y la comedia es el precio que se paga por cometer dichos errores.

     En Latinoamérica, la historia presenta numerosos ejemplos para enseñarnos que el control absoluto del Congreso y el control solapado del Poder Judicial conducen a los pueblos a democracias frágiles, dictaduras y crisis económicas.

     El fortalecimiento de un sólo partido y la desmembración de las otras fuerzas políticas fueron los verdaderos resultados de las elecciones del Congreso del 16 de mayo en la República Dominicana. Estos resultados dan a la historia posibilidades de tener un nuevo ejemplo latinoamericano que contar. Por eso el mensaje para el pueblo dominicano es claro y tajante: No jueguen con fuego. No debiliten una democracia que tantos esfuerzos y vidas ha costado para levantarla.

     Por más de 20 años, el PRSC, el PRD y en un menor grado el PLD fueron partidos dominantes que dieron al país equilibrio político. Durante ese tiempo, la democracia creció y se hizo adulta. Algunos líderes usaron el beneficio que le daba ese equilibrio para luchar por reformas sociales y valores democráticos; otros, en cambio, lo usaron simplemente para fortalecerse a sí mismos. Pero aún en el peor de los casos, la democracia salió favorecida.

     ¿Qué ha pasado entonces? ¿Cómo explicar el resultado de estas elecciones? La respuesta hay que buscarla en la ausencia de líderes en los partidos de oposición y en el hambre que pasan muchos dominicanos

     La muerte de Peña Gómez y Joaquín Balaguer, líderes del PRD y del PRSC respectivamente, dejó a estos partidos ciegos y al borde de un abismo. Diez años después de ello no hay ni se vislumbran personas capaces de unificar internamente su partido. No hay líderes reales: Son "líderes de papeletas" hechos a base de dinero o "líderes electricistas", hechos a bases de conexiones y amarres.

     Más de un 40% de abstención en una elección dominicana significa que los jóvenes no creen ni tienen esperanzas en los nuevos líderes del país. Significa que con la muerte de sus líderes tradicionales, las personas mayores quedaron sin brújula y significa también que otro grupo prefirió quedarse en casa y evitar así el cargo de conciencia que nace al votar por alguien que sin duda no hará un buen trabajo por el pueblo.

     El PLD nunca fue un partido de masas, sino que fue concebido para dirigirlas. El hambre, fruto de la crisis y la miseria, explica la mayoría absoluta obtenida por el PLD, aun cuando sus dirigintes quisieran darle otra explicación. En la actualidad, la lealtad a un partido encuentra sus límites cuando una persona se ve sin pan en la mesa. Con la crisis económica que padece la gente, ¿Qué persona no votaría por el partido de gobierno con tal de mantener su trabajo o de conseguir uno? Sólo un loco, un poeta o un soñador.

     Europa tiene tradiciones de sistemas democráticos con raíces fuertes. En Inglaterra, por ejemplo, el partido de gobierno siempre ha tenido control de la Cámara de los Comunes o Lores desde la Segunda Guerra Mundial, a excepción de dos ocasiones: En 1974 y en las elecciones pasadas del 6 de mayo. Pero la República Dominicana no es Inglaterra, sino un país que ha vivido entre dictaduras abiertas o disfrazadas.

     El líder actual del PLD, Leonel Fernández, no es ni será nunca más ideológo que el fundador de ese partido, el profesor Juan Bosch, ni más carismático que Peña Gómez ni más político que Joaquín Balaguer. Pero puede verse claramente que excede a los tres en sus deseos de perpetuarse en el poder, y la permanencia larga en el poder corroe a los dirigentes por muy buenas intenciones que tengan.

     Hasta que los dominicanos alcancen un nivel elevado de educación y política, pienso que lo mejor para el país es el equilibrio de fuerzas entre los partidos políticos. De lo contrario, se corre el riesgo de que la democracia dominicana se convierta en un castillo de arena. La República Dominicana está en una zona tropical y recuerden lo que le pasa a un castillo de arena cuando llueve.

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