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13 de agosto de 2013

Okinawa: Librando otra guerra contra las bases militares norteamericanas

Por Eddy Montilla

Eddy Montilla, director de MUNDO y OPINIÓN.

Durante una guerra, las heridas del cuerpo se curan en semanas; las heridas mentales, en cambio, son para toda la vida. Por eso, cada vez que un avión norteamericano sale de una base militar en Okinawa y surca el cielo, imágenes de una guerra sangrienta vienen a la mente de algún abuelo okinawense. Durante la Segunda Guerra Mundial, más de 200,000 japoneses murieron allí, según un informe presentado en 1976 por el Departamento de ayuda a la sección de bienestar social en Okinawa, lo cual quiere decir que casi todos perdieron algún familiar. ¿No es eso ya bastante sufrimiento como para seguir reavivando un pasado tortuoso con la presencia de soldados?

     La base aérea norteamericana de Futenma siempre ha sido un asunto controversial. Para muchos residentes, esta base, tan cerca de la ciudad de Naha, es peligrosa y ruidosa y por años han pedido y querido que la trasladen de allí. A veces, el sentimiento negativo de los habitantes es alimentado por la mala conducta y crimen cometidos por militares norteamericanos, los cuales incluyen actos de agresión sexual.

     Las bases norteamericanas en Okinawa son como un amor platónico: Destinado al fracaso desde el principio. ¿Y cuál fue ese principio? El Tratado de Seguridad entre Japón y los Estados Unidos firmado en 1951, el cual permitió a los norteamericanos establecerse en la isla y recibir billones de yenes a cambio de proteger militarmente a este país asiático. Todo esto es un error político de Japón, ya que hace ver el país como si fuera un niño incapaz de defenderse solo. Hoy en día, cada país debe desarrollar su capacidad no de atacar, pero sí de defenderse sin necesidad de pedir y pagar a otro para ello.

     Parece que la base de Futenma no será trasladada hasta después de 2021. Entonces, la esperanza de muchos okinawenses de ver la fuera de su territorio lo más pronto posible ha perdido su color verde. Es difícil de entender por qué las bases norteamericanas han permanecido tanto tiempo en Okinawa, precisamente en uno de los lugares que más ha sufrido durante la Segunda Guerra Mundial. Japón debió crear instalaciones en otros lugares para que Okinawa no llevara por sí solo el peso de la presencia militar norteamericana. Recuerden que el dolor dividido se siente menos.

     Tanto el gobierno de Japón como el norteamericano deberían trasladar a los militares y sus bases lo más pronto posible. Pero la gente (y los militares no son una excepción) quiere llevar una vida cómoda. Eso explica la presencia tan cercana a Naha de la base militar norteamericana de Futenma y también el porqué tengo mis serias dudas sobre si esta base será realmente trasladada de allí para el 2021. Además, la esperanza de vida de los okinawenses es la más alta del mundo, lo cual quiere decir que muchos de los que sufrieron los estragos de la Guerra Mundial estarán vivos en ese entonces. En esas circunstancias, sería difícil decir quiénes han sufrido más, los que murieron en la batalla o aquellos que han vivido tan largo tiempo con el horroroso recuerdo de los aviones, las bombas y los soldados en una guerra que, en la memoria, todavía no tiene fin.


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