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18 de octubre del 2016

Las ideas de Jesús (1): sobre la familia

Por Eddy Montilla.

Eddy Montilla, director de MUNDO y OPINIÓN.

Las causas que originan los problemas familiares prácticamente no han cambiado. Quizás vengan hoy más maquilladas que antes, pero en esencia, siguen siendo la falta de comunicación, de educación, problemas financieros, etc. Sin negar algunos avances, lo cierto es que continúan estando tan presentes como la nieve en invierno o el calor en verano. Por lo que se puede ver en la Biblia, Jesús siempre tenía una respuesta explícita o implícita a todas las interrogantes y problemas humanos. Si recurrimos entonces allí en busca de soluciones, nos encontramos con otro problema: en lo que respecta al tema de la familia y sobre Jesús y su familia también es muy poco lo que se sabe y está escrito en la Biblia. Salvo el momento cuando se separó de sus padres por varios días y se quedó en Jerusalén haciéndoles preguntas a los maestros de la ley, no se sabe nada de él por casi tres décadas. Por suerte, lo poco que dijo sobre el tema familiar es suficiente para resolver todos nuestros conflictos si se miran con ojos similares a los suyos. Veamos algunas conclusiones-respuestas que se pueden sacar de Jesús para mejorar nuestra vida familiar:

     .

Jesús
Jesús.

     Lleva una vida familiar normal: La casi nula información de Jesús y su familia puede ser muy bien una clave para resolver nuestros problemas familiares. Y es que, si no se narra nada extraordinario durante tan largo tiempo, es simplemente porque él vivía una vida normal, y recuerden que, de lo normal, rara vez se escribe. Entonces, olvídese de ser un superpapá, una supermamá o un superhijo. Simplemente dedíquese a establecer relaciones normales con su familia en las cosas cotidianas del día a día y esa misma normalidad creará el equilibrio familiar que tanto se necesita para vivir en armonía.

     Incluir en vez de excluir: Parece que a la gente le gusta mucho hacer uso de la geometría cuando establece relaciones familiares. Una persona hace un círculo con un "compás" y se pone en el centro. Una vez allí, incluye a su esposa e hijos. Luego, hace otro círculo y pone a sus padres y hermanos; y en otro, a sus abuelos y así sucesivamente, continúa haciendo círculos concéntricos en los que va colocando a la gente según grados; círculos que en vez de unir, nos separan. Jesús, por su parte, nos presenta una idea más difícil de llevar a cabo, pero con mejores resultados. Para él, solo hay un solo círculo familiar, y en este, pueden entrar todos los que luchan por la justicia, por un mundo mejor, los que tienen compasión por el que sufre, por el caído, etc. Jesús no tenía los límites que nosotros tenemos sobre lazos familiares. Gracias precisamente a esa idea, antes de morir crucificado, pudo encontrar en Juan, su discípulo, un "hijo" para María e indicarle a María, su madre, que tenía en Juan a otro hijo con quien pudo vivir hasta el final de sus días.

     No reduzcas tu visión familiar a un puñado de personas que con el paso del tiempo por una razón u otra no estarán contigo para siempre. extiende tu horizonte, en cambio, hasta que puedas ver en cada persona un posible hermano, padre, madre, hijo, etc. Así, nunca, nunca te faltará un padre a quien admirar, una madre a quien llamar o un hermano con quien hablar.

     Pon primero lo que es primero: ¿Y qué es lo primero? Amar a Dios. Hasta ahora, todo estaba muy bonito, pero cuando llegamos a este punto, queremos consciente o inconscientemente dar marcha atrás y salir corriendo. ¿Saben por qué? Porque eso de amar a Dios por encima de todo resulta difícil de entender, y lo que no se entiende siempre se mira con miedo o recelo. Si a eso añadimos que la multiplicación de las leyes que aparecen en el Antiguo Testamento parecen haber creado una especie de "risotto bíblico", entonces, comprendo si algún lector preferiría salir de esta página sin terminar de leerla (¡solo faltan unas líneas más!). Si le quita la aureola de algo muy místico a la idea de amar a Dios sobre todas las cosas, podrá entender mejor lo que eso significa. Aprenderá con el tiempo que no es algo tan inescrutable ni una cruz pesada que tiene que cargar. Y lo más importante, al poner a Dios primero, lo que está haciendo realmente es poniendo a su familia y a los demás primero porque a Dios usted no lo ha visto, pero sí a sus representantes en la Tierra: Las personas y su propia familia. Poner a Dios primero es, en sentido práctico, amarlos a todos sin distinción.


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